Gaza Bien Vale una Visa: La Postura de Colombia y el Compromiso con Palestina

Gaza Bien Vale una Visa: La Postura de Colombia y el Compromiso con Palestina

Escritor: Victor de Currea

La Audaz Declaración de Petro: Gaza Bien Vale una Visa

En un mundo donde la corrección política a menudo silencia la verdad, la declaración del presidente colombiano Gustavo Petro, "Gaza bien vale una visa", resuena con una fuerza inusual. Inspirado en la histórica frase de Enrique IV, pero con un giro hacia la justicia y la dignidad, Petro ha encendido un debate crucial sobre el compromiso político con la causa palestina y el proyecto de cambio en Colombia.

Esta frase, pronunciada en las calles de Nueva York junto al icónico Roger Waters, no es un arrebato improvisado. Es la culminación de una serie de acciones concretas del gobierno colombiano: la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, la suspensión de la venta de carbón y la compra de armas, la participación en el proceso por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, el establecimiento de visados para israelíes y el envío de ayuda humanitaria a Gaza.

Para muchos, la postura de Petro es un acto de valentía, una voz que se atreve a decir lo que otros piensan pero no expresan: que matar a un pueblo, bombardear escuelas y atacar hospitales es intrínsecamente incorrecto. En un escenario global donde decir "no a un genocidio" parece heroico, el presidente colombiano se erige como un referente ético.

Más Allá de las Formas: El Contenido de la Realidad en Gaza

Mientras algunos se estancan en debates sobre la "forma" de las declaraciones de Petro, la "traducción exacta" o el "escenario adecuado", la cruda realidad de Gaza exige atención al "contenido". La cultura woke, a menudo criticada por su enfoque en la forma sobre el fondo, encuentra un contraste agudo en la urgencia de la situación palestina.

La historia de Shayma Abualatta, con 16 desplazamientos forzados en Gaza, es un testimonio de una realidad apabullante que no puede diluirse en disquisiciones posmodernas. La vida de millones de palestinos está en juego, y la discusión debe centrarse en la acción y el impacto real.

El Costo de la Indiferencia: ¿Vale Más una Visa que una Vida?

Sorprendentemente, una parte de la discusión en Colombia se centra en la preocupación por la pérdida del visado. "¿Cómo es posible que no pueda volver a visitar Miami o Disneyland por culpa de que a Petro le preocupen unos muertos lejanos?", claman algunos, incluso entre quienes se autoproclaman "del cambio". Esta fetichización del visado expone una priorización materialista sobre la vida humana y la justicia.

Los gremios económicos y empresariales colombianos, que han guardado silencio ante atrocidades pasadas o han financiado gobiernos cuestionables, ahora tildan de "irresponsables" las declaraciones de Petro. Su indignación parece selectiva, alarmándose por las palabras del presidente en lugar de las bombas que caen sobre Gaza. Para ellos, las relaciones comerciales con potencias extranjeras pesan más que la moral internacional.

La Muerte de la Diplomacia y la Llamada a la Acción

Petro no decreta la muerte de la diplomacia; simplemente constata su inutilidad. Los 51 vetos de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad a favor de Israel han dejado claro que el derecho internacional es impotente frente a la voluntad de las grandes potencias. Hablar de Convenios de Ginebra o de la Convención contra el Genocidio después de Guantánamo y Palestina se vuelve una ironía dolorosa.

El presidente cuestiona seriamente a la ONU, no esperando a que se reforme para actuar en Gaza, sino actuando en Gaza para forzar su reforma. La historia enseña que los genocidios rara vez se detienen con "marchas de banderas blancas". La constatación histórica de Mandela es clara: "es moralmente reprensible utilizar medios ineficaces".

Condenar el llamado de Petro es ignorar el espíritu de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española o la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Es fácil para la derecha sionista y la prensa afín criticar, pero doloroso ver a supuestos "compañeros de lucha" que dicen estar dispuestos a dar la vida por la justicia, pero no la visa.

El discurso de Petro en la ONU confronta la ineficiencia del derecho internacional con la brutal realidad de un genocidio. Es el momento de tomar partido. Las tibiezas solo sirven a los genocidas, mientras que la realidad toca a nuestra puerta, exigiendo una respuesta contundente.

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